Las disfunciones sexuales se definen como el conjunto de problemas de índole diversa que impiden o dificultan a la persona disfrutar de forma satisfactoria de la sexualidad. Bajo este concepto, se consideran todos aquellos problemas fisiológicos, cognitivos-afectivos o motores, que dificultan a la persona participar o disfrutar satisfactoriamente de actividades sexuales, como atracción, cortejo, interacción y orgasmo.
Se diferencian dos tipos de factores que los provocan, unos de índole psicológica y otros de tipo orgánico o físico aunque también pueden aparecer como resultados de intervenciones quirúrgicas.
Los factores psicológicos son todos aquellos aspectos referentes a una inadecuada educación, formación o experiencia sexual. Aunque pueden distinguirse tres tipos de factores psicológicos- sociales:
- Predisponentes: factores que ayudan en su desarrollo, pero que por sí solos no tienen porqué dar lugar a una disfunción sexual. Ejemplos: inadecuada información, mitos sexuales, exposición a modelos inapropiados…etc.
- Precipitantes factores que por sí solos si pueden dar lugar a disfunciones, ejemplo: inadecuadas experiencias sexuales, traumáticas, reacción a trastorno transitorio…etc.
- Mantenimiento: factores que favorecen que la disfunción sexual permanezca latente, ejemplo: aparición de fallos y/o fracasos, sentimientos de culpabilidad…etc.
Podemos destacar cuatro que suelen estar presentes en la mayor parte de las disfunciones sexuales:
- Inadecuada educación sexual, basada en errores y mitos.
- Presencia de ansiedad, tanto en los tipos de conductas como en las etapas de la relación sexual.
- Falta de conductas adecuadas para lograr una interacción sexual satisfactoria
- Problemas en las relaciones de parejas, fundamentalmente referidos a fallos en la comunicación de la pareja (indiferentemente del tema a tratar).